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25 mayo 2026


Nuevos avances terapéuticos para la artrosis de rodilla


Hace veinte años, la palabra artrosis de rodilla equivalía a aguantar el dolor de rodilla hasta que no podías más y, entonces, te ponían una prótesis. Como las prótesis tenían una duración relativamente corta, se reservaban para los ancianos, para evitar tener que cambiar la prótesis desgastada al cabo del tiempo. Además, apenas existían alternativas terapéuticas para la artrosis de rodilla: era o prótesis o nada.

Por fortuna, las cosas han cambiado y los tratamientos para la artrosis de rodilla han evolucionado. Por un lado, las prótesis son más resistentes y se ponen en personas más jóvenes que quieren llevar una vida activa sin que les duela la rodilla. Esto incluye hacer deporte (sí, has leído bien: se puede hacer deporte con una prótesis de rodilla), con todos los beneficios que la actividad física conlleva. Por otro lado, han surgido multitud de nuevas terapias para la artrosis de rodilla

En este artículo te contamos todas las opciones de tratamiento para la artrosis de rodilla. Seguro que alguna es para ti.

 

 

¿Qué es la artrosis de rodilla?

Para comprender los tratamientos para la artrosis, primero es necesario entender cómo se produce esta enfermedad. 

En pocas palabras, la artrosis consiste en un desgaste de la articulación ―sobre todo del cartílago, pero también del hueso y de otras estructuras articulares―, que provoca dolor y rigidez

El cartílago es una capa fina y elástica (entre 2 y 5 mm de grosor), una especie de almohadilla que cubre los huesos que forman las articulaciones y permite que se deslicen entre sí. El cartílago ―junto con los meniscos, el hueso, los ligamentos y los músculos― amortigua la carga que soporta la rodilla debida al peso del cuerpo y a las actividades como andar o correr. 

Por lo general, todas estas estructuras se regeneran bastante bien cuando se lesionan pueden repararse quirúrgicamente con relativa facilidad… Todas, menos el cartílago. Este está muy poco vascularizado, es decir, apenas le llega sangre, por lo que tiene que nutrirse a partir del líquido de la articulación, menos rico en nutrientes y oxígeno que la sangre. 

El cartílago está formado por un tipo de células llamadas condrocitos, que están en una malla formada por colágeno de tipo IIácido hialurónico y otras sustancias. Con la edad, la malla se hace menos elástica, por lo que las cargas repetidas la van rompiendo y los condrocitos se van aplastando. Se liberan entonces trozos de colágeno y sustancias llamadas citocinas, que dañan todavía más los tejidos. Nuestras defensas identifican estas sustancias como extrañas y, en su intento por «limpiarlas», estropean más aún el cartílago. Esto se llama reacción autoinmunitaria.

En definitiva, el cuerpo intenta reparar y regenerar el cartílago, pero no lo consigue. Solo es capaz de formar una cicatriz. Esta cicatriz no aguanta las cargas y no es elástica; por eso, la articulación se vuelve rígida. 

Hasta ahora, la medicina tampoco había tenido más éxito que el cuerpo en reparar el deterioro o, al menos, detenerlo. Una vez se comenzaba a dañar, generalmente a partir de los 35-40 años, la persona estaba condenada al dolor y la rigidez progresivas. Pero, como hemos dicho, las cosas han cambiado…

 

¿Artrosis inicial o avanzada? Un tratamiento para cada fase de la artrosis de rodilla

Como hemos dicho, la artrosis es una enfermedad progresiva. En función del daño del cartílago y de la repercusión en la vida de la persona, el tratamiento difiere.

En fases iniciales, cuando la artrosis de la rodilla es leve y el dolor no impide llevar una vida normal, lo fundamental es mantener el peso adecuado y realizar ejercicio físico. Los analgésicos orales, los antiinflamatorios tópicos (en crema o similar) y la capsaicina en crema alivian el dolor. 

En esta fase puede ser beneficioso tomar los componentes deteriorados de la malla que forma el cartílago (por ejemplo, colágeno tipo II), así como tomar o inyectar en la rodilla nuevos fármacos que impiden la reacción autoinmunitaria que daña el cartílago y/o estimulan su regeneración.

En fases más avanzadas, cuando el daño del cartílago es mayor, algunas personas podrían beneficiarse de cirugía artroscópica para quitar los tejidos deteriorados y estimular la reparación con cartílago sano.

Por último, cuando ya se ha perdido todo el cartílago y el deterioro articular ya es irreversible, la opción es reemplazar la articulación de la rodilla por una prótesis. 

A continuación, te detallamos cada uno de estos tratamientos. 

 

Dieta, ejercicio y alivio del dolor en la artrosis de rodilla leve

De todos los tratamientos que te vamos a contar en este artículo, perder peso (si es preciso) y hacer ejercicio son los que tus rodillas más te agradecerán:

·       Perder peso. La obesidad «mata» las rodillas, no solo por un problema puramente mecánico, sino también porque ciertas sustancias liberadas por el tejido graso contribuyen a la inflamación de la articulación y al daño del cartílago. 

Si estás ya en tu peso ideal, una dieta variada y sana (como la mediterránea) es perfecta para ti. Si necesitas perder peso, la dieta hipocalórica combinada con ejercicio físico es la forma ideal de conseguirlo. Olvídate de dietas milagrosas y productos mágicos. Si es preciso, ponte en manos de un nutricionista. 

·       Hacer ejercicio físico. El ejercicio físico es el otro pilar del tratamiento de la artrosis de rodilla en todos los estadios de gravedad. Los estudios demuestran que mejora el dolor de rodilla y la movilidad. Andar, montar en bici o nadar son algunos de los deportes que puedes practicar

En momentos en los que te duela más, puedes tomar analgésicos o usar antiinflamatorios tópicos (es decir, aplicados sobre la piel de la rodilla). Estos últimos han demostrado ser eficaces para disminuir el dolor leve y tienen menos efectos secundarios que los antiinflamatorios en pastillas. La crema de capsaicina es otra opción, aunque las primeras veces que se pone, pica… ¡Ojo con los ojos!

 

Suplementos nutricionales: ¿mejoran los síntomas de la artrosis de rodilla?

Se ha estudiado el efecto de diversos suplementos en la artrosis de rodilla, con resultados contradictorios. Hay estudios que han encontrado que reducen el dolor y otros síntomas de la artrosis, mientras que otros no encuentran ningún efecto beneficioso. 

Entre estos suplementos están, por ejemplo, el colágeno de tipo II, la Boswellia serrata, la glucosamina y el sulfato de condroitina (en España, estos dos últimos se consideran fármacos). Aunque su utilidad no está del todo clara, en lo que sí están de acuerdo todos los estudios es en que estos suplementos no tienen apenas efectos adversos.

 

Tratamientos biológicos para la artrosis de rodilla

Este tipo de tratamientos ha ganado protagonismo los últimos tiempos, gracias a que son poco cruentos (por lo que permiten una recuperación rápida) y tienen el potencial de frenar la artrosis e, incluso, regenerar el cartílago y otros tejidos dañados. Son terapias que se basan en la biología molecular y la ingeniería de tejidos, con los siguientes propósitos:

·       Aportar los componentes de la malla del cartílago que se deteriora.

·       Frenar la destrucción del cartílago.

·       Regenerar cartílago lo más sano posible, inyectando o implantando con cirugía muy poco invasiva diferentes tipos de mallas artificiales (hidrogeles, esponjas porosas, nanofibras) con condrocitos o células que se conviertan en ellos (células madre) y estimulando su crecimiento con factores de crecimiento, que potencian la producción de cartílago.

Como todo tratamiento novedoso, estas técnicas son objeto de múltiples investigaciones. Los estudios muestran resultados muy prometedores, aunque todavía queda mucho por investigar. De hecho, uno de los problemas es que todavía no están claramente establecidos los protocolos de cada técnica, de forma que sean uniformes en todos los pacientes.

Algunos tratamientos biológicos son la inyección de proteínas autólogas del suero, la inyección de plasma rico en plaquetas (PRP) y la terapia con células mesenquimales pluripotenciales derivadas de médula ósea,  de tejido graso, de sangre, de cartílago o de cordón umbilical.

 


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